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LARRETA ES RESPONSABLE: DETECTAN MATERIAL CANCERÍGENO EN ESCUELAS PORTEÑAS

Doce escuelas públicas de la Ciudad de Buenos Aires tienen asbesto. La noticia se conoció tras el anuncio del gobierno de proceder a retirarlo. Es el mismo material cancerígeno detectado en el subte. La Unión de Trabajadores de la Educación (UTE) solicitó de manera urgente a la Ministra de educación porteña, Soledad Acuña, activar protocolos de salud laboral en estos establecimientos. Se desconoce qué empresa realizará los trabajos para extraer el material y de qué manera se hará el procedimiento.

Por si no alcanzaba con que el material cancerígeno conocido como amianto o asbesto estuviera desparramado por la línea del subte B y recientemente fuera descubierto también en la línea C y E, doce escuelas porteñas también sufren esta problemática. O al menos eso denuncia el propio Gobierno de la Ciudad aunque, una vez más, lo hace de espaldas a la comunidad educativa.

La crónica de los hechos vuelve a reflejar el desmanejo y la insensibilidad que caracteriza al gobierno que encabeza Horacio Rodríguez Larreta en temas como la salud y la educación.

El 1 de octubre, una nota del diario Clarín titulada “Un peligro silencioso. Asbesto: llaman a licitación para retirarlo de 12 escuelas porteñas” despertó la alarma en la comunidad educativa. En la nota que no lleva firma, dice: “Por sus propiedades como aislante térmico o acústico, el asbesto se usó masivamente durante años, tanto en la construcción como en los hogares. Este mineral, conformado por fibras altamente cancerígenas, está presente en edificios de viviendas, industrias, teatros, subtes. Y, también, en las escuelas. Y ahora el Gobierno porteño llamó a licitación para retirarlo de 12 establecimientos educativos de la Ciudad”. A continuación, detallan una lista de los establecimientos que se encuentran en los barrios de Balvanera, Caballito, Nueva Pompeya, Parque Patricios, Retiro y Villa Lugano. Allí la empresa elegida contará con un plazo improrrogable de 180 días, contados a partir del 2 de enero de 2020. Esto, por supuesto, generó una conmoción entre padres, alumnos y docentes que se enteraron a través de un diario que asisten a un establecimiento en el que circula un material cancerígeno que está prohibido en el país desde el año 2001.

Por este motivo La Unión de Trabajadores de la Educación (UTE) mandó una nota de carácter urgente a la Ministra de educación porteña, Soledad Acuña, para activar protocolos de salud laboral frente a la presencia de asbesto en escuelas públicas de la Ciudad. Eduardo López, secretario general de ese gremio, explicó a Nuestras Voces: “Hicieron como siempre todo mal. ¿Cómo puede ser que nos enteremos por una nota del diario que llaman a una licitación para sacar asbesto en 12 escuelas? ¿De dónde sacan que son solamente 12 escuelas? ¿Dónde están los certificados de los estudios que realizaron para hacer esto? No nos explicaron nada y es un tema de salud pública. Nosotros estamos convencidos de que hay más escuelas con esta problemática y exigimos que haya un mapa que nos informe el real estado de situación de las escuelas. Es una locura que se hayan manejado así, otra vez a nuestras espaldas, sin brindarnos información fehaciente de nada. Estamos hablando de un material cancerígeno que está en las escuelas, no es broma”.

Pero ahí no terminó todo. Mientras tanto, los estudiantes de una de esas doce instituciones, el Lenguas Vivas, preocupados por esta situación se comunicaron con la directora de la escuela e iniciaron una serie de reclamos ante el gobierno de la Ciudad. Esto derivó en que la cartera que comanda Acuña les enviara dos notas. En una, les cuentan que la obra para remover el asbesto comenzará en enero tal como lo anticipó la nota del diario Clarin; en la otra advierten que ya removieron parte del asbesto en el receso de invierno al sacar una caldera. Decía, textual que “la Dirección General de Infraestructura Escolar del GCBA llevó adelante una obra que consistió en la refacción y puesta en valor de la sala de máquinas, reemplazo de caldera y reparaciones de muros, cielorrasos y pintura en general”. Las obras se iniciaron el 10 de julio y terminaron el 5 de agosto. Los estudiantes pusieron el grito en el cielo al enterarse no sólo que ya habían realizado tareas, sino que no se hizo de la manera que corresponde que es a través de mecanismos aislantes y que sobre todo, se requieren estudios previos antes, durante y después de la extracción. El amianto, al ser un material versátil es muy fácil de expandir. Por lo tanto, no hay dudas de que un mal manejo con el material puede empeorar el panorama. Por caso, según se pudo corroborar a través de las delegadas de Lenguas Vivas, no existe ninguna documentación que dé cuenta de la forma en la que se produjo dicha extracción. No están los informes que deben presentarse respecto de las mediciones de asbesto en el aire que se realizan en el procedimiento. Además, las cañerías con asbesto siguen en la escuela y hasta el momento se ha informado que las retirarían en enero.

Esto generó una serie de medidas y reclamos que culminaron el 24 de octubre en una conferencia de prensa en la puerta de la escuela en donde participaron referentes de la comunidad educativa. Tres días después, el gobierno de la ciudad faltó a una audiencia en el ministerio Público Tutelar. Todavía siguen sin recibir una respuesta y tampoco se sabe qué empresa hará el operativo que saque el amianto de, en principio, estas doce escuelas.

Se destapó la olla

La pregunta que todos se hacen es ¿por qué el gobierno de la ciudad repentinamente mandó una licitación para sacar el asbesto en 12 escuelas? Y la respuesta es clara. La olla que destaparon los trabajadores del subte en donde se detectó la presencia del material en todas las formaciones de todas las líneas del subte hace ya años y que recién el Gobierno de la Ciudad y la empresa concesionaria SBASE reconocieron, tomó una repercusión que todavía no se sabe hasta dónde va a llegar.

Cuando en febrero de 2018 los trabajadores del metro de Madrid denunciaron que un compañero tenía asbestosis comenzaron las primeras alarmas en el subte de Buenos Aires. Por caso, los trenes que habían comprado en 2011 en Madrid eran los mismos que denunciaban sus compañeros europeos. En ese momento, desde el sindicato hicieron la denuncia pública. Y más allá de eso, comenzaron una investigación exhaustiva en coordinación con trabajadores y especialistas en la materia para determinar que efectivamente, las formaciones contenían ese material. La investigación incluyó la colaboración de universidades públicas y hospitales. Era el gremio y no la empresa la que estaba tomando la delantera en el asunto, protegiendo a los trabajadores.

“La primera respuesta que obtuvimos desde la empresa SBASE fue que no estaba comprobada la existencia de este mineral”, relatan. Pero ellos sabían que tenían razón. Y el tiempo lo demostró. Hoy, de 180 trabajadores que se realizaron estudios en 13 personas se encontraron placas pleurales, es decir ensanchamiento de la pleura, que es la membrana que recubre los pulmones. Esta es la primera etapa de la afección causada por asbesto, que de avanzar puede derivar en un cáncer de pulmón.

“Hay que comprar trenes nuevos y todavía no mandaron la licitación. Por eso esta semana hicimos un paro”, explica Beto Pianelli, secretario general del gremio que nuclea a los trabajadores del subte. “Pero acá el problema es más profundo. Lo que nosotros estamos exigiendo es un plan integral, una campaña que tiene que hacer el Estado, en este caso el gobierno de la Ciudad, para erradicar el asbesto en todos lados: en el subte, en hospitales, en escuelas e incluso en las propias casas. Hay que hacer una campaña para informar a la población cómo detectar el asbesto, cómo identificarlo y el gobierno tiene que tener un programa para erradicarlo”.

Fuente: EN ORSAI

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