MUERTES ANUNCIADAS EN LA FRONTERA ARGENTINA / Wichis – Tobas – Chorotes – Chulupís

Por Elia Fernández

 

 

Los pueblos originarios  del norte de Salta, hoy son noticia nacional e internacional por las muertes de niñas, niños y adultos de comunidades originarias  de los  departamentos de San Martín y Orán.

El actual gobernador de Salta,  Gustavo Saenz,  dijo que las muertes por desnutrición y deshidratación de al menos ocho niños y dos adultos, son en gran medida,  responsabilidad del gobierno anterior,  el de Juan Manuel Urtubey. También cargo responsabilidades a los intendentes de la zona,  por no advertir la situación extrema de las poblaciones. Nada dice de la discontinuidad del refuerzo estival con el que él  arranco su gestión. Es verdad que no es la única causa del problema,  que   tiene años de existencia,  como también tiene años de existencia la ocupación de las tierras wichis por empresarios multimillonarios, responsables de los desmontes y la contaminación de las aguas con agroquímicos.

El problema radica en que,  la inversión que realizan estos  empresarios en el territorio, no toma en cuenta (ni les interesa tomarlo en cuenta) las dinámicas productivas y reproductivas de las economías domésticas de los pobladores del lugar, por el contrario los proyectos de inversión solo tienen en cuenta  el modelo de desarrollo que amplíe la frontera agropecuaria y la especulación financiera (Héctor Trinchero). Lo que va en desmedro de  la calidad de vida de los pueblos originarios que ven reducido el monte que les provee de los recursos que necesitan para hacer sustentable sus economías.

En estos días fueron varios los actores de la sociedad que se hicieron eco de la terrible situación y quisieron hacer sus aportes. Desde ONGs internacionales, pasando por los estados nacionales y provinciales a ciudadanos comunes que se sintieron conmovidos por las muertes evitables de tantos niños en el norte salteño.

Está muy claro que la ciudadanía se sensibilizo a partir de tomar conocimiento de la realidad que viven las familias más pobres  de entre los pobres  del norte argentino. Los medios televisivos mostraron las imágenes de niños “piel y hueso” por el alto grado de desnutrición. Pero también nos anoticiamos que,  a medida que transcurrían los días, las ayudas a los wichis  no  llegaba,  al menos con la rapidez que el caso amerita. Lo que no paró fueron las muertes de niños y mujeres de la comunidad.

La situación es más compleja  que la falta de alimentos y agua potable. No tienen garantizados  derechos,  que tenemos todos los ciudadanos argentinos  (acceso a salud, educación y una vivienda digna),  como no lo tienen muchos sectores empobrecidos de zonas rurales y urbanas del país.

También es parte del mismo problema la falta de caminos adecuados,   que permitan llegar de forma rápida a las distintas (más de 200) comunidades que se encuentran dispersas por la zona.

El pasado,   martes 18 de febrero,  el Gobernador Saenz traslado la reunión de su  gabinete a la ciudad de Tartagal, en un gesto de demostrar que  lugar, en  orden de merito ocupa la cuestión wichi en su agenda. Al mismo tiempo, lo sorprendía un estado de emergencia, que no había contemplado durante su campaña, ni había incluido en su proyecto de gobierno. ¿Puede alguien que dice prometer que hay  futuro para  todos los salteños, olvidarse que existe una parte de ese “todos” que también quiere ser tomado en cuenta a la hora de planificar estrategias de campaña?

Uno pensaría que el traslado de todos los ministerios fue para poner rápidamente manos a la obra un plan cuidadosamente elaborado de ante mano. Pero lo primero es lo primero. La foto y el registro fílmico en los medios televisivos,  que en directo,  trasmitieron el discurso que Saenz dirigió en castellano a un pueblo de habla wichi. Y así se comprometió a no abandonarlos, lo prometió por “los angelitos” que ya no están. El registro quedo archivado para la posteridad por expreso pedido del gobernador.

También reconoció que el problema es de larga data. Y podríamos decir que por lo menos medio siglo. Desde que los empresarios pusieron sus ojos en estas tierras.

Esta muy bien atender la urgencia,  frenar las muertes evitables. Llevarles alimentos y agua. Asistirlos con médicos y medicamentos. Llevarles ambulancias que puedan trasladarlos  a los hospitales,  a los  que el gobernador salteño prometió llevar sabanas. Pero si realmente quieren ayudar a estos pueblos, naciones dentro de nuestra gran nación Argentina. Lo primero  es restituirles la tierra, otorgarles un papel que certifique que les pertenecen,  que les garanticen que cuando dejen de ser tapas de diarios por la tragedia, no sean presas de  brutales desalojos  por usurpar sus propias  tierras. Lo segundo  es restituirles el monte que les proveía  de todo lo que necesitan. Lo tercero realizar las  obras de infraestructuras en pozos de agua potable, caminos y viviendas adecuadas a sus usos y costumbres. Y por último permitirles desarrollarse,  crecer y ser prósperos de acuerdo a sus propios parámetros de prosperidad. Acceder a un sistema educativo,  en todos los niveles,  que respeten su lengua y su cultura. Puede que así, ser argentino nos incluya a todos,  aun a orillas del Bermejo o el Pilcomayo.

 

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