La senadora y jefa del bloque de La Libertad Avanza aprovechó el Coloquio de IDEA para mostrarse como una posible continuidad del proyecto libertario, pero también para marcar diferencias con Javier Milei. Reforma previsional, baja de impuestos, RIGI y una señal al empresariado: su agenda ya mira hacia 2027.
Patricia Bullrich llegó al Coloquio de IDEA con una ventaja que Javier Milei no tiene: puede hablar de las reformas del Gobierno sin cargar directamente con sus resultados.
La senadora y jefa del bloque de La Libertad Avanza se presentó ante el empresariado reunido en Mar del Plata con un discurso que combinó respaldo al rumbo económico, críticas a la velocidad de los cambios y una serie de propuestas propias. La escena tuvo algo de acto de gobierno y bastante de lanzamiento de una alternativa dentro del mismo espacio político.
No fue casual que el auditorio empresario recibiera a Bullrich con entusiasmo. Tampoco que después de su exposición la esperara un almuerzo privado con alrededor de cuarenta representantes del mundo de los negocios. El mensaje fue bastante transparente: la senadora no solamente quiere discutir qué debe hacer el Gobierno de Milei, sino también quién puede garantizar la continuidad del programa económico cuando llegue el momento de pensar en 2027.
Una candidata sin decir que es candidata
Bullrich evitó definirse como candidata presidencial. Formalmente, su argumento es que acaba de asumir una banca en el Senado con mandato hasta 2032.
Pero la política también se hace con escenarios, audiencias y gestos.
Y el Coloquio de IDEA es, precisamente, uno de esos lugares donde el poder económico observa a quienes podrían ocupar el poder político.
La senadora aprovechó la oportunidad para presentar un diagnóstico propio. Reclamó “velocidad” para que los efectos de las reformas lleguen a las familias y advirtió sobre una economía que avanza a dos velocidades: mientras hidrocarburos, minería, agro y pesca muestran crecimiento, sectores como industria, construcción y comercio atraviesan dificultades.
La observación contiene una diferencia política importante con el discurso triunfalista del oficialismo.
Bullrich no cuestiona el rumbo general. Cuestiona que sus resultados todavía no sean suficientemente visibles para buena parte de la sociedad.
Es una diferencia de tiempos, más que de modelo.
El mensaje para los empresarios
Frente a los hombres y mujeres de negocios, Bullrich habló el idioma que el auditorio esperaba escuchar: previsibilidad, impuestos, costos laborales, inversiones y estabilidad.
Defendió la idea de ampliar el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) y sostuvo que la previsibilidad de las reglas debería extenderse más allá de los grandes proyectos beneficiados por ese régimen.
También cuestionó la presión tributaria provincial y municipal y reclamó una coordinación entre Nación, provincias y municipios para reducir impuestos y tasas.
Su propuesta incluyó incluso una fórmula de “zanahoria y látigo”: premios para las jurisdicciones que reduzcan la carga tributaria y castigos para aquellas que no acompañen.
Es un planteo que toca directamente uno de los reclamos históricos del establishment empresarial: pagar menos impuestos y reducir los costos asociados a la producción.
Pero Bullrich fue todavía más lejos.
La reforma previsional como bandera
Uno de los ejes más importantes de su exposición fue la reforma previsional.
Bullrich sostuvo que el sistema argentino fue diseñado para un mercado laboral que ya no existe. Su diagnóstico parte de una realidad que atraviesa buena parte de la discusión económica: informalidad elevada, trayectorias laborales fragmentadas y menor cantidad relativa de trabajadores registrados sosteniendo el sistema.
La senadora propuso avanzar hacia un esquema en el que tenga mayor peso el ahorro individual de los trabajadores.
Según su explicación, una parte de la jubilación debería continuar financiándose mediante impuestos generales, mientras que otra surgiría de mecanismos de ahorro previsional vinculados con la trayectoria laboral.
El cambio modificaría una de las características centrales del sistema argentino: el peso del componente solidario.
La propuesta merece, por eso, un debate que excede las consignas. No se trata solamente de discutir cómo financiar jubilaciones futuras, sino de definir cuánto riesgo debe recaer sobre el Estado, cuánto sobre los trabajadores y qué ocurre con quienes tienen empleos informales o trayectorias laborales discontinuas.
Ese último punto quedó menos desarrollado en la exposición de Bullrich.
El problema de la Argentina a dos velocidades
La propia Bullrich reconoció una de las principales dificultades del modelo económico actual.
“No podemos tener la industria caída, la construcción caída, el comercio caído y, por otro lado, algunas economías del país, como pueden ser los hidrocarburos, la pesca, el agro y la minería, en porcentajes de crecimiento muy elevados”, planteó.
La frase es importante porque introduce una discusión que el Gobierno suele presentar de otra manera.
El crecimiento de determinados sectores exportadores no necesariamente se traduce de manera inmediata en una mejora generalizada de los ingresos, el empleo y el consumo.
Bullrich parece haber tomado nota de esa tensión.
Su apuesta consiste en acelerar las reformas para que la recuperación de los sectores dinámicos termine derramándose sobre el resto de la economía.
La pregunta que queda abierta es cómo producir ese pasaje sin profundizar las diferencias entre las actividades que ya se benefician del nuevo esquema y aquellas que todavía enfrentan caída de actividad.
Una distancia cuidadosamente administrada con Milei
La relación entre Bullrich y Milei atraviesa una etapa particular.
La senadora no se presenta como opositora al Presidente. Por el contrario, reivindica el proyecto libertario y sostiene que debe continuar.
Pero durante las últimas semanas multiplicó sus cuestionamientos sobre distintos aspectos de la gestión.
En IDEA volvió a marcar diferencias con el Gobierno respecto del ritmo de las reformas y de la necesidad de que sus resultados lleguen a las familias. También tomó distancia del oficialismo en la discusión sobre la Ley de Tierras y planteó reparos al modo en que se está llevando adelante esa disputa.
La fórmula política parece ser: continuidad del modelo, pero con otra velocidad y con una gestión que preste mayor atención a sus efectos sociales y productivos.
Es una posición que permite a Bullrich ubicarse dentro del oficialismo sin quedar atada por completo al desgaste de la administración.
Y ahí aparece el verdadero valor político de su paso por IDEA.
El empresariado también mira más allá de Milei
El entusiasmo empresarial alrededor de Bullrich no necesariamente significa una definición electoral. Pero sí revela que el mundo empresario comienza a observar el escenario posterior a Milei.
La propia estructura del encuentro lo mostró.
Bullrich tuvo una exposición pública ante el Coloquio y después participó de un almuerzo privado con empresarios. Mientras tanto, otros dirigentes del oficialismo ocuparon distintos espacios del evento. La presencia de Milei, Pablo Quirno y Diego Santilli alrededor del mismo escenario reforzó la dimensión política del encuentro.
La política argentina empieza así a convivir con una pregunta inevitable: qué ocurrirá con el proyecto libertario después de Milei.
Bullrich intenta ocupar un lugar en esa conversación.
No lo hace rompiendo con el Presidente, sino presentándose como alguien capaz de preservar el rumbo y corregir aquello que, según su diagnóstico, todavía no funciona.
La disputa que viene
El desafío para Bullrich es transformar esa visibilidad en construcción política.
Tiene una ventaja: conoce el oficialismo desde adentro y mantiene una relación directa con sectores empresariales que valoran la continuidad de las reformas.
Pero también enfrenta una dificultad: cuanto más intenta diferenciarse de Milei, más debe explicar dónde termina su propuesta y dónde comienza otra etapa del mismo proyecto.
La discusión previsional es un buen ejemplo. Bullrich propone modificar estructuralmente el sistema. La cuestión tributaria también. Y su reclamo de mayor velocidad supone reconocer que el modelo económico todavía no logró producir resultados homogéneos.
No son pequeñas correcciones.
Son definiciones que pueden convertirse en una plataforma política.
Por eso, detrás de la senadora que habló de impuestos, jubilaciones, RIGI y provincias en el Coloquio de IDEA apareció otra figura: la dirigente que empieza a construir un discurso propio para el día después.
Bullrich todavía no dice que está en campaña.
Pero el escenario elegido, el auditorio, los temas y el mensaje tienen una característica difícil de ignorar: habló menos como una funcionaria del presente que como alguien que quiere tener algo para decir sobre el futuro.
Y en la política argentina, a veces, una campaña comienza mucho antes de que alguien pronuncie la palabra “candidatura”.